Hay
un hecho indiscutible: pintar no es nada si no se posee el rarísimo
don de sentir. Esto es lo que Propone L.F.A. en sus paisajes, en
los que ha volcado sus academicismos, sus transgresiones, sus vivencias
y, sobre todo, su inocultable alegría por el acto de pintar.
Hay una explosión colorística que se extiende por
toda la superficie de la tela y logra con ello una gran espontaneidad
reflejando el ritmo o
movimiento vital de cada pincelada. Todas las líneas de la
naturaleza están vivas porque toda la naturaleza se mueve
continuamente en alguna dirección.
| Laura
Feinsilber, Ámbito Financiero,
julio 1997. |
Fernández
Arroyo ha irrumpido en el arte con mágica alegría.
La naturaleza es reconocible, pero el artista no está sometido
a ella. Tanto en los planos terrestres como en los celestes, F.A.
se toma licencias en el tratamiento de sus composiciones, aunque
con una apreciable dosis de mesura. . El color es a veces vibrante
y remarca el énfasis del dibujo.
| Rafael
Squirru, La Nación, diciembre,
1993. |
Enfrentado
a las soledades patagónicas y la llanura bonaerense, a L.F.A.
se le hizo patente el pensamiento de Kandinsky según el cual
más allá de la razón y de la inteligencia están
el alma y la existencia vivida que abren nuevos horizontes. Así,
al situarse ante esos paisajes, su vivencia le reveló el
espacio anímico por cuyo conducto el cuadro es controlado
"sin llegar a lo ininteligible" o sea, sin perder la esencia
de la realidad que lo sustenta.
| Romualdo
Brughetti, del libro"Nueva Historia
de la Pintura y la Escultura Argentina", 1991. |
Fernández
Arroyo no ha perdido el sentido de la pintura, consigue no intelectualizar
y quedarse en el límite justo de sentimiento y creación
amalgamados, que son imperativos en el arte.
El resultado son cuadros cada vez más audaces, en los que
cielo y tierra se enfrentan, como si se reprocharan algo. Entre
el aire y lo concreto, el horizonte. Ese hilo tendido de un lado
al otro de nuestros ojos que nos envuelve, inabarcable.
| Albino
Diéguez Videla, Catálogo
Museo de Arte Moderno de Bs. As., octubre 1991. |
La pintura de F.A. comenzó
siendo una reflexión deleitosa sobre la naturaleza, percibida
como luminosidad pura, traducida en manchas de color. Hoy, retorna
transfigurada en la potencia constructiva del pintor que recrea
las relaciones cromáticas de lo visible.
| José
Emilio Burucúa, Catálogo
Galería Amicitia, agosto 1988. |
Si
no existiera la palabra, los colores de este artista crearían
un lenguaje de comunicacíon que nos llevaría a encontrar
una respuesta de como el amor por la materia pictórica puede
hacer más emotiva la comprensión de que la naturaleza
es, efectivamente, un sentimiento más allá de la realidad
objetiva.
| Eduardo
Baliari, Catálogo Galería
Witcomb, junio 1984. |
En este
artista, la euforia de aprehender el color ofrece, pese a la energía
vital del pincelar, la expresión del sentimiento interior,
como manifestó Van Gogh en pos de sus experiencias: "Empleo
el color más arbitrariamente para expresar con más
fuerza".
 Vicente
P. Caride, Catálogo Galería
Witcomb, mayo 1982. |
| J.
A. García Martínez, Catálogo,
Galería Arthemisa, mayo 1979. |
UN VIAJE POR LOS PAISAJES DE FERNÁNDEZ
ARROYO José
Emilio Burucúa, Académico de Número
de la Academia Nacional de Bellas Artes.
Catálogo, Galería De Santis, mayo 2000. |